miércoles, 2 de enero de 2008

La novedad anual

Cada 365 días o 52 semanas cambiamos de año. Vamos rodando las cifras desde tiempos en los que era intrascendente el cambio (todavía no sigue importando) porque, ¿qué de bueno tiene cambiar los años si seguimos haciendo los mismos diaparates, cometiendo las mismas trastadas y muriendo siempre? Importa porque tenemos la secreta esperanza verde o azul bolita de mejorar, crecer, seguir viviendo, de que no nos maten a nuestras minervas y benazires, que nuestras michelles y cristinas sigan gobernando, de que nuestras raqueles y annicelys no sigan muriendo en accidentes, que nuestras grisbeles, susis y marías expresen lo que ven con sus ojos y viven con sus cuerpos, de que todos y todas, aún desde el anonimato de nuestras existencias podamos seguir creyendo de que cambiar la fecha nos ayuda a ser mejores, a rescatar la bondad que a pesar de políticos y campañas electoreras permanece resguardada junto la inocencia de los recién concebidos (después que se nace en este país, la inocencia dura lo que una gomita roja en fiesta navideña).

Por esa necesidad de reformular la vida y su discurrir natural, brindo y aplaudo, las ganancias y las pérdidas que todavía ignoro marcarán esta novedad anual.

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