viernes, 21 de diciembre de 2012

Carlos De León: Del amor y otros demonios


Era verano de 2005. En el Palacio Consistorial de esta ciudad hidalga coincidimos durante un curso de técnicas narrativas. Él era casi niño, tenía muchas preguntas, muchas sonrisas. Yo era joven y tenía claro que me gustaba la literatura. Para el reencuentro de enero 2009 en las piedras chavoneras, yo tenía una carrera y Carlos De León había iniciado su camino por las artes visuales.
Siempre que el azar nos hizo compartir espacio, la sonrisa y la alegría de Carlos eran contagiosas y su discurso fue pasando de la niñez ingenua a la adultez más consciente. Por eso no me sorprende cuando explica los criterios de selección de los medios de expresión de esta obra ganadora, pero dolorosa también. “El primer criterio fue que los elementos fueran inherentes a la experiencia en la cual me basé. Segundo, opté por sutilezas; el contenido por sí mismo tiene mucha carga emocional y de eso estaba consciente. No necesitaba decir más de lo necesario.”
Esta noche de octubre que nos hizo coincidir una vez más, la alegría de De León nos volvió a contagiar a todos. El premio que lo pone al centro del mapa artístico revela su sensibilidad creativa. La pieza que le da este premio revela una realidad personal que desconocíamos y que reafirma su capacidad de sobreponerse a la misma. “El nivel de diálogo que esta pieza podría provocar sobrepasa mi interés de mantener el tema oculto.”
El Concurso de Arte Eduardo León Jimenes le compromete también, “a seguir creyendo en mí firmemente. Este premio cierra todas las puertas al demonio de la duda.” Este premio también es una forma de irle cerrando las puertas a los demonios dolorosos que acompañan el planteamiento de esta obra. Entre balas de calibre 380 y una caligrafía prolija, “Te Amo” habla de un tema que llena páginas de diarios, cementerios, hospitales y vacía corazones, familias.
Ahora es noviembre de 2012. Con el joven de 24 años seguiremos coincidiendo, si el azar conspira. Mientras, él continua trabajando, “de manera formal, documentando la relación con mi familia, sobre todo con aquellos miembros que me resultan más relevantes. No sé qué formas esta documentación seguirá tomando, pero ahora eso no es lo más importante. Lo esencial es mantenerme ocupado generando.”

Sandy Gabriel: Lujosas notas de jazz


Llovía en la costa atlántica. El humo solidario del tabaco subía y las notas del jazz contagiaron la camaradería de una noche benéfica. Sandy Gabriel y POP Jazz Ensemble son los autores de esa sensación que va envolviendo mi recuerdo, quizás el de todos los asistentes de aquella velada.
No es la primera vez que lo entrevisto; tampoco hay primicia en que lo haga por medios electrónicos. Estamos acostumbrándonos, pues, a comunicarnos entre teclazos, llamadas, acordes… Culpemos entonces a su agenda que, hace tres años como ahora, se desborda en presentaciones y grabaciones que le impiden vernos cara a cara y, simplemente, conversar.
De la evolución satisfactoria en su relación con el saxofón, de su disciplina y experiencia, hay varios testigos de excepción. Su padre y maestro, el también saxofonista Sócrates Gabriel. Sus compañeros fundadores de POP Jazz Ensemble: Jairo Milanés, Daniel Álvarez, Hisdras Álvarez y Joel Guzmán. Con éstos últimos lleva “un matrimonio musical” que ya pasa los 15 años, con un estatus respetable en la escena artística local e internacional. “Es una bendición de Dios  haber creado una hermandad y permanecer juntos por tanto tiempo”.
Con esta hermandad y muchos otros colegas talentosos nacionales e internacionales, Gabriel ha pisado escenarios y estudios de grabación, espacios donde la música se exhibe y se registra, respectivamente. El respeto y la preparación para estos ámbitos le granjean el cariño y la admiración de sus coterráneos puertoplateños y de artistas jóvenes y contemporáneos, a quienes sirve de ejemplo: tanto por la dedicación que ha puesto en su arte como por la humildad con que afronta el éxito que cosecha.
Esta entrevista es un collage delicioso de palabras y notas que entre Sandy y yo hemos prolongado en el tiempo, porque como dice el padre de Sebastián, “tocar jazz es además como entablar una conversación muy amena e interesante, con la que puedes fluir y subir a los niveles más altos de la intelectualidad musical”.

Pedro José Vega: La construcción de la experiencia


Todos los días se aprende algo nuevo. No se sabe todo. Pedro José Vega está seguro de esta realidad. Yo la voy asumiendo. Porque, mientras conversamos en la Mediateca del Centro León, voy descubriendo una persona sumamente capaz no solo de hacer, sino de aprender cada día, de cada situación, de cada persona. Esta capacidad de aprendizaje lo llevó a desarrollar una carrera como la museografía.
De su trabajo con el museógrafo Peter Vitakis, aprendió las bases de este arte de concebir la ubicación de obras de arte en forma perdurable y comprensible para los espectadores. De la primera exposición que diseñó y produjo con objetos rescatados de los galeones Conde de Tolosa, Guadalupe y Concepción, en el Museo de las Casas Reales, aprendió a escuchar y tomar notas de las críticas. Acción que se volvió norma: “en cada proyecto, evaluar y tomar nota para la próxima, eso se llama construir la experiencia”.
En poco más de tres décadas, Vega ha ido construyendo esa experiencia, tan necesaria para la realización de exposiciones memorables en la institución que labora. Su formación arquitectónica y artística y las continuas lecturas sobre arte, literatura, cultura… le han permitido hacer propuestas expositivas que destacan por su carácter lúdico y la interactividad que generan en los diversos públicos que acceden a ellas. Sin embargo, la más importante academia sobre cultura y arte la tuvo mucho antes en sus padres, músico-melómano y gran coleccionista, respectivamente.
Pedro José pudo desarrollar una carrera como artista: los premios obtenidos están ahí, los dibujos que aún realiza y que amigos y familiares cuelgan en sus muros, también. Pero luego de trabajar con Vitakis, fue inevitable que sus conocidos le vincularan con esta maravillosa labor que le reta a levantarse “todos los días y estar vivo y poder acometer todos los trabajos que se presentan en la institución, que no solo es museografía.” Él no lo sabe todo aún, pero sabe mucho y lo ha aprendido muy bien. Yo estoy segura de esta realidad.

martes, 18 de diciembre de 2012

Crónicas de ayer y hoy: La magia de la Navijazz

El plan de iniciar estas crónicas era justamente escribir sobre actividades que ya el tiempo hubiese relegado a la memoria, al pasado. Sin embargo, los caminos del arte están llenos de magia. Yo acabo de llegar de la Sala Julio Alberto Hernández del Gran Teatro del Cibao con el asombro en los oídos y el corazón. Yo había visto, por casualidad la promoción de este concierto, Navijazz, pero no le había prestado atención ni a los cantantes ni a la fecha. Hasta que recibí la boleta esta tarde. La idea era ir acompañada: indistintas razones hicieron que nadie se sentara a mi lado a escuchar las canciones de Navidad.

La Sala estaba apenas salteada por unas menos de 30 personas, sin contar técnicos ni a los propios músicos. Con unos 20 minutos de retraso, aparecieron en escena Rafelito Mirabal al piano, Gustavo Rodríguez en el bajo acústico, Oscar Almonte en la guitarra acústica, Otoniel Vargas en la batería, Cukín Curiel en la percusión. Chaqueta blanca y corbatines coloridos le daban un aire de glamour mientras los integrantes del grupo músico-vocal Tes a T interpretaron los tres primeros temas de un programa de 18 canciones navideñas y tres intervenciones literarias a cargo de la comunicadora Castalia Vargas.

El frío de la Julio Alberto Hernández formaba parte de la escenografía sencilla pero efectiva que nos puso a todos en ambiente navideño, no solo a través de los acordes y las letras sino también de las reflexiones que las intervenciones de Vargas iban generando en cada uno de los presentes en el estreno de esta producción musical benéfica.

A los caballeros de Tes a T le sucedió la danesa residente en el país, Retah Burton con White Christmas de Irving Berlin y Jingle Bells de James Lord Pierpoint. En The Christmas Song, Burton introduce a mi diva del jazz Sabrina Estepan, quien continuó contagiándonos de entusiasmo al margen de lo poco inspirador que puede resultar para un artista una sala prácticamente vacía. Cuando Estepan interpretó Noche de paz, se erizaron todos los pelos de mi cuerpo, excepto mi greña que ya lo está habitualmente.

La velada musical ya no era una promesa de calidad y disfrute: era real y todos pensábamos colectivamente, ¿por qué no hay más gente en esta sala? ¡Este concierto está genial y se lo están perdiendo! Y cuando no se podía esperar más, la santiaguera residente en Santo Domingo cantó a dúo con Alvaro Dinzey de Tes a T un singular Have yourself a merry little christmas que destacó no solo las capacidades vocales de ambos sino la solidaridad de la soprano al guiar a Dinzey en un idioma que no domina, pero que con su voz logró sobrepasar.

Aquí volvió Tes a T con Vamos al hogar de Misael Mañon y  Se oye un canto de varios compositores, a demostrar por qué son tan versátiles y efectivos en escena.

Se trataba de un concierto de jazz navideño, así que no podían faltar las versiones acústicas de Tamborilero, versionado por Mirabal, a piano solo. Luego Carlito Estrada, saxofonista donde los haya, fue acompañado por la banda en We three kings. Oscar Almonte también demostró sus dotes en Silver Bells.

El regreso de Burton para dos canciones más me pareció innecesario hasta que su interpretación de Merry Christmas Baby nos sacudió la calma y puso en perspectiva las reales posibilidades de su voz, apropiadamente acompañada de la guitarra eléctrica de Almonte, quien también volvió a lucirse.

Tes a T no podía marcharse de Santiago sin cantar Mi Burrito Sabanero, sello de la agrupación que pone música y voz sin instrumentos, pero que con la banda sonaban impecables.

El final con todos cantando Santa Claus llegó a la ciudad coronó una hora y 15 minutos de concierto navideño.

Y cualquiera se preguntará: ¿y qué haces tú contando tan aprisa este concierto? Pues porque mañana reponen el repertorio y de verdad, no quisiera que nadie más se pierda la oportunidad de escuchar y sentir lo que yo escuché y sentí. Así que no importa si lo hacen por ayudar al Centro de la Juventud y la Cultura De La Salle-Cienfuegos, o porque es "cool" oír jazz o porque les convencí con esta crónica: NO dejen de ir mañana a la Julio Alberto Hernández del Gran Teatro del Cibao a las 8:30 de la noche (puntual porque sospecho que mañana sí empezarán a tiempo).

No se van a arrepentir, lo juro por la niña de la espina y las ganas que tengo de irme a cenar cuando publique esta entrada.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Waddys Jáquez: Artes permitidas


Su primera película: “Una historia llena de personajes caribeños, aguerridos, viscerales y sobre todo sin tapujos ni pelos en la lengua, una historia que puede divertirnos y conmovernos.”

Ha establecido un nombre en el altar de las artes dominicanas. Y ha creado personajes que constituirán leyendas sobre las tablas teatrales. Waddys Jáquez es ese niño que nunca fue “niño genio, sino inquieto y con cosas que decir.” Esas muchas cosas las dice, principalmente, a través de historias que resultan inverosímiles, de tantas realidades que abordan y desnudan.
Mientras conversamos (y este conversar discurre por días entre llamadas y correos), Jáquez dirige “El Mago de Oz”, “Desayuno al Rojo Chino” (de Lenín Comprés) y “El acento neutral”, su obra más reciente. No es casualidad que el éxito y los premios coincidan en su trayectoria profesional. Porque en su labor incesante, el actor y director imprime una pasión persistente, cuyos resultados apreciamos en la sala en cada una de sus puestas en escena.
Hace unos días trajo al Centro León a Pargo y sus pecados permitidos, en una nueva puesta en escena; doce años han pasado desde su estreno. “¿Por qué no?”, se cuestiona el fundador de la compañía teatral The Poisoned Apple (eje legal de su carrera artística). Y él mismo se responde al establecer que estamos ante una nueva generación, “pero el mensaje de la discriminación, el abuso de los unos contra los otros, lo cuesta arriba que puede ser el famoso sueño americano y el despertar de nuestra conciencia sobre quiénes somos y a dónde vamos, creo que se mantiene intacto en esta pieza, lo que hace que conserve su valor.”
Porque esta obra lo puso en el mapa como intérprete, pero su posición se ha ido afianzando, apunta, enfocarse y trabajar y entrenar cada vez más. El éxito que ya decíamos, le llega en forma de premios y reconocimientos que confirman la premisa que cada domingo les repetía a los participantes de un reality show de baile: se valoran los resultados, no los esfuerzos. “La gente no se sienta en las salas de teatro o en las salas de cine para ver ensayos o intentos, se sientan allí para ver el resultado de meses de trabajo y nosotros como artistas debemos de tratar de que ese resultado sea digno.”

jueves, 13 de diciembre de 2012

Maridalia Hernández: La que sabe de amor


Su voz nos enamora y consuela desde hace tres décadas

Para quererla, solo nos ha bastado escucharla en escenarios, emisoras de radio, noches de bohemia… Melodiosa hasta cuando te contesta el teléfono, a pesar de la fatiga que los ensayos de una próxima presentación le ocasionan. Curiosa coincidencia que su carrera iniciase sobre las tablas, en un espectáculo; y mientras esta entrevista se gesta ella actúa en “El Hombre de la Mancha”. Aquella vez fue “Sonido para una Imagen”. “Ambos espectáculos guardan una conexión muy parecida ya que pertenecen al ámbito de música para cine y teatro.” Me pide que la vuelva a llamar el martes porque ya habrá agotado todas las funciones.
Maridalia Hernández Morel ostenta apellidos llenos de arte. No puedo atestiguar que su sangre y la de Yoryi Morel fluyen del mismo rincón, pero sí que su abuelo fue Julio Alberto Hernández, nombre grande entre compositores dominicanos. Y así también le fluye a ella un talento que desde los diez años ha sido formado en diversas instituciones musicales nacionales e internacionales, como su hoja de vida asevera.
No podemos olvidar esa época onírica en la que fundó y participó en el mítico 440, con Juan Luis Guerra. Tampoco se olvida su participación en Viña del Mar, donde el triunfo de “Para quererte” coronó un proceso creativo en el que “además había una gran sinergia artística entre nosotros tres: Manuel, José Antonio y yo”. Y habla de Manuel Jiménez, su cómplice en el disco “Libre”, y durante toda esta carrera musical que ya ha ganado todos los premios habidos en estos dos tercios de isla… Y ella en su humildad se atreve a afirmar que “es más, ahora es cuando uno comienza a merecer el nombre de 'artista'.”
De la ciudad hidalga y monumental emigró para compartir su arte, pero siempre vuelve. Hace pocos días cantó para la Asociación Cibao y cantará también en la tradicional cena del Patronato Cibao de Rehabilitación. Ella, la que sabe mucho, porque sabe y canta de amor.