domingo, 31 de mayo de 2009

Error involuntario

Por razones saludables ajenas a mi voluntad, he cometido el error de no luchar el viernes, como siempre. Así que lo debo para la siguiente vez. Ya volveremos a vernos las caras: Ares, la poesía y yo. No pido perdón, para qué, si sé que siempre me perdonan los vivos de mi tristeza, los sobrevivientes de mi locura y a los muertos de mi felicidad no les importa.

viernes, 22 de mayo de 2009

Ares poético IV

Hay lluvia de por medio, de nuevo. Y como el mar Caribe y profundamente sureño se me negó esta tarde, recordaré la visita al Atlántico, ese novio marino que Puerto Plata recibe siempre, como se hace con un amor cuando es eterno.


Desahogo por los muertos de mi felicidad

Estamos siempre frente al mar, en la noche y el día, lloviéndonos la vida en cada paso cantado a locura. Con la sangre desbordada por el vino del nunca más, con la sed morbosa del siempre. Estamos mirándonos el misterio de la luz de nuestros sexos, la unión clandestina de cada pedazo de cuerpo encendido, la cómplice mirada preñada de inocencia. La impúdica ternura de la lengua, el aleteo libelular de los dedos, la poética intrínseca de los labios. Cada roce antologado en la memoria, todo el calor guardado hasta la siguiente estación de lluvias.

Y murió tanta gente herida por nuestros cuerpos atados en el aire. Tantos y tantas cayeron por nuestro vuelo al infinito. Algún fallecido o fallecida no sabrá nunca del dolor insospechado que lo dejó sin vida, ignorará también y para siempre la fuerza asesina de nuestras miradas encontradas a oscuras, el atentado inevitable que se perpetra entre nuestras piernas.

La perpetuidad de una noche que ha sido día y no existe sin el sol que nos consume solo con sabernos vivos. La furia ligera de la sábanas volando en desatino. La cordura rabiosa de matar y morir.

Asesinados por los besos que solo son nuestros, así van los muertos de mi felicidad, los cadáveres de tu risa mía, los fantasmas que creyendo vivir, mueren con solo un roce de mis dedos en tu boca, con tu sola lengua en mi espalda. Con nuestra sola felicidad eternizada a cincuenta pasos del lazo irrompible de una salada transparencia.

Estamos siempre frente a nosotros mintiéndonos la muerte de los infelices, maldiciendo nuestra suerte marina, conjurando al destino que buscamos a ojos abiertos, rogando ver morir a tanta gente, sin que la piedad nos dure más de un segundo.

Volveremos al mar, para matar otros y otras, para insistir en el fuego que se crea si despertamos a esa locura cantada y bebida, a ese sueño vivo de ser ajenamente propios.

lunes, 18 de mayo de 2009

Declaración jurada de vida

He volado al infinito. He vuelto al mar, inmenso y cruel como el destino. He bebido el vino fuerte de los que se entregan al placer. He sido el azul en los charcos del ojo de la poesía. Soy, para siempre, eternamente otra, y yo, y tantas, y la misma.

viernes, 15 de mayo de 2009

Ares poético III

Llueve. Y este viernes de llanto celestial se merece un poema de tránsito y camino. De abandono y ruptura. Este poema me gusta, por lo que no sé si ya lo había publicado antes. Pero aquí les va, en esta lucha poética que cada viernes tendré con mis demonios. De ningún libro, sin premio alguno.

Costumbre

La mayoría sella todo con un beso. Nosotros, lo rompimos todo. Con un beso rompimos la belleza del beso en Cortázar, rompimos el fuego. Rompimos la inocencia de los bancos de los parques, el silencio de la lluvia al caer en las calles de la ciudad. Rompimos la brisa, el paisaje de las autopistas. Con ese jugueteo de lengua y labios rompimos el respeto a los pasajeros de los autobuses, a los niños de pierna y pecho. Rompimos el miedo a la intensidad, a la malicia de sabernos húmedos. Con un beso rompimos la madrugada y la multitud cercándonos, rompimos la violencia de la sangre. Y con un beso romperemos la costumbre de sabernos propios.

jueves, 14 de mayo de 2009

Esta esquina mía

Aquí me quedo, sin cruzar la calle ni mirar al semáforo. Con el chocolate y el helado tentando mi boca, con la traición rozando mi espalda, con la espera sostenida en los ojos.

Aquí me quedaré, olfateando la noche de luces falsas, desafiando la lluvia con mi sombrilla azul, cargando mi ser en un pequeño bolso cartero, todo mi yo en ese bolso, todas mis palabras en libreta arácnida.

Aquí me quedé, transitando en pausa mi calle que no existe, saludando con la piel ángeles caídos, intentando coser las alas de un vuelo entre dos.

lunes, 11 de mayo de 2009

Una fotografía

No tengo una fotografía de escritora decente. Mi pose de poeta de siglo XXI no está registrada en píxeles ni en colores. Evaluando la mayoría de las publicaciones impresas y digitales, los poetas, narradores y escritores de este siglo (sobre todo esos que nacieron en los años 70 del siglo pasado) tienen una particular estética fotográfica que los hace lucir endiabladamente interesantes a ellos y silvestremente liberadas a ellas. Ellos, con piercings y cabello al descuido o cortes militares y la dualidad blanco/negro en las vestiduras. Ellas, con el cabello suelto, sin laciado definido, delineador negro deliberadamente evidente y mirada profundamente poética posada.

No tengo una fotografía que represente la fortaleza o dulzura de mis versos o líneas. Soy terriblemente común en las imágenes que de mí se han hecho. Suelo aparecer vestida con camisas manga tres cuartos, una pashmina blanca en la cabeza, alguna camiseta promocional o unos jeans corte ancho color azul. En el peor de los casos, y debido a mi trabajo, unos vestidos negros clásicos y como aparición cometa, alguno que otro color para alegrar a las compañeras de trabajo.

Carezco de magia para poner cara de escritora. A lo sumo, me sale una sonrisita sin la que la cámara no me ayuda a sobrevivir al efecto de la luz. No me da la valentía para dejar de procesarme el cabello y mezclo con poco tacto piezas de imitación de joyería con materiales artesanales y rústicos. No tolero los zapatos altos, pero tampoco puedo ostentar mi devoción por las chanclas.

Antes, era más sencillo. Solo se miraba de perfil y el cuadro o la fotografía salían con la cara seria, ellas con su blusa de cuello alto y el pelo recogido, con discretos aretes y algún collar de perlas; ellos, el sombrero de copa y el corbatín negro marcando el cuello. La biografía se encargaba de dar los matices que por ausencia de color no se percibían. El misterio del resto del cuerpo quedaba a opción de los suertudos que, atraídos por el mito, buscaban obstinadamente el soñado encuentro con el autor/autora, idealizado gracias a la imagen.

viernes, 8 de mayo de 2009

Ares poético II

Esta entrada sufrió daños irreparables antes de ser publicada, puesto que su versión inicial se perdió en los caminos de la red. Y como no pienso repetir lo que había dicho (aunque nadie lo leyó) el poema de este Ares está dedicado a Tanya Badía y Augusto Bueno, que ganaron los premios de cuento y poesía de la Sociedad Cultural Renovación de Puerto Plata. Ellos saben cada uno el tamaño de la estima y el aprecio que les tengo.

Y este viernes de mayo dulcemente nublado se merece las líneas del poema 21 del libro Angel Terreno, premio de poesía 2007 de la Sociedad Cultural Alianza Cibaeña.


21


Amo la menta que no me gusta, ésa que sabe a tabaco, a lengua viva, a ojos dulces. El brazo oscuro que me ciñe los hombros bajo la noche y sobre los días. La voz cercana que se acuna en mi oído y aleja el resto de ruidos que es el mundo. Las rosas amarillas que no adornan mi sala y se han perdido en alguna esquina de la 30 de marzo. El ángel que no me visita los miércoles, ni los sabádos y que algunos domingos se aterrena porque no quiere volar al retazo de cielo que mientras se define su estado (ángel u hombre) le ha tocado vivir.

viernes, 1 de mayo de 2009

Ares poético I

Como los esquineros más invisibles lo han solicitado y como otros más quieren y no lo dicen (y yo también quiero), la acera universos de licor tendrá establecimientos más frecuentemente. Entonces, los viernes serán para los versos y lás imágenes encuentren a través de mí, en esta esquina en la que mi vida se filtra y se da, la esquina en la que el amor nace. Se llama Ares poético, porque el dios de la guerra, en vez de pelear en su día (martes), se enfrentará con la poesía los viernes. Y Venus luchará también.

Para hoy, iniciamos con un poema de los primeros que se conocieron de esta esquinera fiel. Del conjunto de poemas llamado Portales, segunda mención Alianza Cibaeña 2006.

11


Quítame este rostro de feto
de embrión dormido
quítame los vestidos y las cintas
los colores.
Abre la puerta
y deja que pase desnuda.