martes, 13 de agosto de 2013

Transitar

Los primeros recuerdos que tengo incluyen el golpeteo en la cara de la cinta que ataba mis trenzas, mientras iba sentada atrás en la camioneta Datsun de mi papá rumbo a Barranca, La Vega. O sentada encima de un puente sobre un canal de riego, que mi papá ayudó a construir en los 60. O caminando a pie de mano de mi mamá en la ciudad o hacia la casa de su madre. Recuerdo también las cientos de veces que esperé en la carretera una guagua de transporte público, la hinchazón en la cabeza por una pirueta mal lograda en el andén del Zoológico Nacional. El calor asfixiante esperando gasolina en la misma Datsun en la escasez de los 90.

Transitar, caminar. Ese mover el cuerpo de un lugar a otro. El placer de la brisa en la cara, con aromas nuevos o amadamente conocidos... El reto de llegar hasta que haya un camino y a partir de ahí, trazar uno nuevo. La nostalgia de desandar con los fantasmas o crear recuerdos mejores.

domingo, 16 de junio de 2013

San Antonio Negro y legendario

A estas horas, el pasado domingo 9, San Antonio negro se había juntado con San Antonio blanco a la entrada de la casa de los hermanos Guillén en Yamasá. Una tradición que lejos de abandonarse, se reafirma y evoluciona. Como en cualquier actividad del siglo XXI, las salves, palos de atabal, merengues y devociones se mezclan con intrusas cámaras fotográficas que violan la solemnidad de la procesión, de celulares que lo graban todo... Pero los cofrades, el rey y la reina, el cortejo, se mantienen profundamente conectados con la esencia de la festividad. El patio se llena de gente, de comida, de bebida, de turistas de la cultura, de curiosos: pero sobre todo devotos y devotas, que cada año se unen a los rituales truene, ventee o llueva, como esta vez. La música no se acaba, la gente no cesa de llegar, la alegría popular no decrece. Y las niñas, los niños, adolescentes están ahí, vestidos de blanco, danzando, cantando, repitiendo una y otra vez lo que sus padres hacen. Lo que luego enseñarán a su vez.

viernes, 7 de junio de 2013

Zapatos amarillos

Había nacido, como todos, descalza. Y era rotundamente mujer. Sus pocas horas al aire y sonreía. Tenía una madre que insistía, como primer gesto mundano, en calzarla con zapatos amarillos.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Mi lugar en el mundo

"Un murmullo azul como un cascabel,
Un viento salado que se mete en las venas"
Jorge Drexler.

El Atlántico me seduce y hay que volver. Pero debería quedarme ante su violencia. Rendirme para siempre ante su poder. Construirme yo también una ventana sobre paredes blancas. Que el gato cuelgue  del borde y haya flores diminutas en la mesa que desgasta el amarillo. La noche, detenida siempre en las 7:36, cuando la copa está medio llena y medio vacía. Cuando el aliento emana aceitunas y la mirada destila perversiones escritas en los dedos y la espalda. Ojos de piscina azul y la sal removiendo vergüenzas. Pasos de bossa nova por todo el cuarto. Y el rugido profundo del salitre siempre allí. Cuando amanezca, haremos café. El amor al fondo de la taza.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Un chofer para dos

Éramos pasajeros
el autobus por un camino difícil
hablando de la nada
tu novia
mis marcas en tu cuello
piedras en el camino
la última vez
la farándula
políticos
el café y el mediodía
bancos de parque y otras muertes pequeñas
te quedaste en tu casa
yo regresé en patines
feliz de no volver
saltando
las piedras en el camino
por delante

viernes, 10 de mayo de 2013

Llover. París. Ta mère.

Llover. Caminarme. Llover. Caminar. Es mejor caminar y que el agua te caiga encima. O pisarla. Es mejor. Peor sería repetir ese sueño, donde la agarras por los brazos y la sacudes fuerte. Que salga de tu casa y de tu vida, que te deje en paz. Estrellarla en un charco de lodo. Respirar profundo, servirte un trago. Levantarlo de la cama y sacarlo también de tu casa, prohibirle la entrada a ambos. Que no se aparezcan ni en las pesadillas con finales felices, como ésta. 

Es jueves y el poeta habla del mar, cerca del Monumento. Era domingo cuando te sentiste adulta porque te encontraron con el cigarro en la mano y apenas moviste la cabeza para saborear algo del café que moría en la taza. No te molesta sentir, te agrada que vean como te place el humo escapando de tus dedos, manchando tus dientes, jodiendo tus pulmones. 

Da igual, alguien te va a joder algún órgano. Al menos con el tabaco eliges tú. Con ellos no hubo manera. Se sentaron contigo, te cargaron a la cuenta sus cervezas y no se tocaron un pelo mientras enterraban el puñal en los ojos. Mirando de lado, porque de frente les daba cosa. El doctor Chapatín se avergonzaría de ellos. Yo hubiese preferido borrarlos del mapa, de las redes sociales, del seguro social, de la oficialía civil, de los libros de literatura, de las preguntas hostiles de la gente cercana. Pero la posteridad y otros cuentos chinos podrán hacerlo sin que yo deba ni pensarlo. Y yo podré seguir caminándome, (El Conde o Del Sol, qué importa). Lloviendo (Ozama, Yaque, guarever). Yo podré seguir (Santiago, París, ta mère). 

Ellos deben quedarse. En su charco, en su vida milimétrica de rutinas, en su esquina de la casa, con su cuenta abierta en el colmado y las cervezas light. Sin café en la mesa 31, sin café de La Cafetera Colonial, sin los sábados de Mullens en la Casa, sin tus pies planos, sin tu saludo militar, sin la San Luis de noche. Todo eso es mío ahora. Y no se me antoja compartirlo. 

martes, 30 de abril de 2013

Despertar 2


Al menos pudimos llegar a entender la fuga de nuestros dedos cada tarde de sábado. Y nos queda pendiente asumir tu cariño por lo ajeno y mi terror a la soledad de la treinta los lunes. Aun nos costará decena de sesiones más absolvernos del silencio que robamos al ángel. Nada podremos hacer para atarnos o alejarnos por siempre, porque dejamos un trozo de palabras adeudadas en la ropa interior.