viernes, 25 de julio de 2008

La palidez del otoño

He descubierto a Camille. He descubierto de nuevo la maravilla de la canción francesa. He descubierto la melancolía de una voz en la lengua materna que nunca tuve.

Y me callo porque prefiero que vayan y la escuchen a ella.

martes, 15 de julio de 2008

Cuando noviembre aparece en julio

Milagro de julio, que trae a noviembre a mis manos y mi boca. Ares tuvo nuestra lluvia salobre, nuestros sueños aplazados, nuestro dolor latente. Inventamos el día que no tuvimos, las caricias que no son de nadie y todos ignoran.

Hemos consumido los minutos del sol para calmarnos la sed de pieles cercanas. Nos matamos la risa bajo la lluvia dulce de la temporada. Sellamos una alianza no prometida, entregamos el silencio y lo rojo de ayer.

Fuimos, a nuestro pesar, felices.

lunes, 14 de julio de 2008

Vive la France!

Acabo de despedirme de un malvadito, después de conversar en un banco de mes de muerto y número primo. Y a pesar de la lluvia y los dolores buenos (porque dan cuenta de que se está vivo) a pesar de todo y nada, la luz sigue ahí. Pedro Guerra lo dice mejor: "Hay sensación en las casas antiguas de que algo queda de quien las vivió..." Y yo creo que también queda algo en los bancos, en los árboles, en las calles, en los parques, quedan vidas. Y quedan sueños, como ir a París y celebrar la fiesta del 14 de julio con vino y pan en los Campos Elíseos o el Barrio Latino.

Al menos queda el sueño, y eso es todo lo que importa.

miércoles, 2 de julio de 2008

El silencio de Fito

Ya la prensa acreditada para el concierto de anoche hará los balances de rigor, contará las anécdotas de la entrada, contabilizará el repertorio, se quejará de algun miembro de la seguridad y esgrimirá sus razones.

En Facebook, Hi5 y páginas similares, se alojarán las fotos de amigos, los videos entonando la canción favorita que cantó a tiempo.

Pero yo, desde mi asiento general, desde el balcón donde me asomé, hablaré del silencio. El silencio exigido por Páez para entonar a capella Yo vengo a ofrecer mi corazón. En el Teatro La Fiesta del Hotel Renaissance Jaragua estuvimos: ricos, clase media y pobres; médicos, ingenieros y abogados; periodistas y faranduleros; artistas y enganchados; cantantes y modelos; gente del medio y del extremo; ejecutivos y subalternos; cultos e incultos; peledeístas, perredeístas y reformistas; participantes ciudadanos y demás ismos; gente humana, al fin.

En la sala llena de jóvenes de hoy y de ayer, la juventud acumulada de mi párroco, se hizo el silencio ante la palabra y la voz. Callamos, como ante la muerte de las mujeres a manos de sus exparejas y parejas, callamos como ante la factura del supermercado, callamos. Pero callamos alegres, enteramente felices, con el corazón palpitando escondido, para no interrumpir a Rodolfo desnudo.

Todos voluntariamente callamos, ante la sinceridad y la belleza del corazón ofrecido en canción por Fito Páez. Y ese silencio, esa clase de silencio, ningún discurso de 16 agosto ni declaración de prensa podrán merecerlo.