miércoles, 11 de febrero de 2009

Avalancha roja versión 2009

El pasado año, en este blog advertimos sobre las situaciones que se sufren para estas fechas. A las lluvias gracias, las perspectivas de este año son alentadoras. Los enfermos compulsivamente rojos siguen haciendo sus compras y planes, solo que con más recato y menos presupuesto.

Para este año, la fecha cae peligrosamente un sábado, cuya noche tiene efectos de desaparición en algunas personas, por lo que no se sorprenda si su mejor amiga no aparece el domingo para la acostumbrada llamada de tertulia matinal. Tampoco se alarme si su hermanito llega a las diez de la mañana con sonrisa sospechosamente evidente. Es la avalancha roja, que con su furia de amor y ventas se ha llevado a mucha gente, que al contrario de usted, no se vacunó a tiempo contra el mercado y sus tretas.

(El amor está por encima de fechas y vale más que un regalo en dólares, es un asunto de todos los días y todos los minutos.)

lunes, 9 de febrero de 2009

Lluvia carnavalesca

Siempre que llueve, llegan como paracaídas sociales los recuerdos y los momentos. Esa es la palabra, momentos. Llegan y, sin que puedas hacer mucho, se instalan en tus ojos para que no veas lo que está delante y al alcance, para que no sientas el momento en que estás. Que si no adviertes rápido, se te va con el mismo ánimo que llegaron los viejos inquilinos.

Siempre que una va al carnaval, aparece un diablo con fuete y te golpea. Y entonces te duelen todos los golpes que la vida te ha dado: la pela de tu mamá, el boche de la directora del colegio, la galleta del pleito con la compañera de curso, los primeros cuernos, los segundos, los terceros, la certeza de que te enamoraste y lo sabe, los amigos que te abandonan en las buenas y en las malas. Pero solo es un toque y cuando el vegigazo es historia, te recuerda que tienes un trasero que ha aguantado eso y más. Y que, para que la lluvia te moje y los diablos te peguen tienes que estar viva, irremediablemente viva. Y justo en ese instante, un trago de fría cae buenísimo. Y la música se te mete al cuerpo para celebrar ese pequeño milagro.