viernes, 25 de septiembre de 2009

La Vega: Culta, Olímpica, Carnavalesca y Ferial

El Parque Duarte se va llenando de palabras. Impresas, orales, sueltas, cocinadas, musicalizadas, dramatizadas, coladas, alcoholadas, bautizadas por vino, bendecidas por lluvia, malditas por el silencio, rotas por las flores. La Catedral Inmaculada Concepción aguantando los embates de la bohemia, la celebración de Baco y el amor que siempre deja sus retazos destilando en las aceras.

La gente está, los que faltan y hacen falta, los que sobran, deliberadamente sobran. Las ausencias terribles que no volverán nunca, el compartir el humo y el vino. La noche vegana y sus silencios de soledades. Las costumbres que se rompen, las costumbres. La plaza y los balcones, oliendo a rosas amarillas, los libros de versos, lejos de los demonios y la locura, cerca de la cuerda enajenada que logramos ocultar.

Y el escenario de fondo, como un merengue en un paisaje, la culta, la olímpica, la febreril siempre carnavalesca y ahora en 2009 ferial, ciudad de La Vega.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Quemar naves

Hoy quemo mis naves
las dejo morirse a la orilla de los ojos cerrados
cerca de la mente en vuelo.
Arden las velas y la proa se hunde
cada espacio de sol en la cubierta
se torna recuerdo ocre en el fondo arenoso.
Sin salvavidas ni marineros
retorno a tierra flotando
el agua sabiamente me devuelve
me aleja de los restos peligrosos.

Hoy quemo mis naves
miro el horizonte bajo mis pies
y camino.
Tras de mí el diluvio
los vampiros y la nada.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Ares poético XVII

Después de tantas madrugadas, oscuridades, silencios y demás demonios citadinos. Prefiero asirme a ese demonio, el silencio. Por hoy, hasta esta noche.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Ares poético XVI

Septiembre, mes maravilloso que pone los últimos puntos suspensivos al año. Frontera entre las clases que ya no tomo y las temporadas laborales de copas y vestidos. Y primer viernes de lucha en esta esquina banquera, postal, franquicia y fashion de Santiago. Un poema perfecto para el 8 de marzo y excelente todos los días y todos los minutos.

Mujer

Soy mujer
con senos
que un día amamantarán otros senos
o serán origen de dolores interminables
y caída lenta de pelo.
Soy mujer
con líneas difusas
un vientre que se abulta cuando me siento
y un ombligo pozo de sabores indescriptibles.
Soy mujer con vagina y vulva
llenas de lo mismo que las demás mujeres.
Soy mujer
con nalgas supuestamente grandes
para llenar pantalones
y ojos y libidos de lejanos y cercanos.
Soy mujer
con piernas anchas y un poco largas
llenas de marcas
de una infancia vivida a pulso.
Soy mujer
con rodillas gastadas de tanto caer de niña
y el corazón herido de tanto caer de adulta.
Soy mujer
con pies sin puentes
para no cruzar nunca
y largos
para sostener el mundo que se agita
al norte de mi cuello.


A Grisbel Medina

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Subiendo a la montaña

Hay eventos que se repiten iguales y distintos a la vez. Luego de asistir en tres ocasiones al Festival de Poesía en la Montaña, una cree que sabe a lo que va, que conoce el clima y las posibilidades de compartir y respirar poesía por todas partes. Pero no es lo mismo matar la tarde en ascenso que conocer los misterios de la noche montañosa. Jamás será igual escuchar a otros desde el delicioso anonimato de la esquina del salón, que desatar demonios y verdades frente al público.

La noche no se alarga igual en los columpios si aún quedan restos de un niño divagando sus contornos. (Amanece más claro, y "en el comedor se sientan separados a comer", pero las hormigas no los recorren, más bien descargas de electricidad los calcinan.) La poesía amanece servida, y se pasea dando tumbos, tropezando con la ingenuidad y los retazos de ignorancia.

Hay días que no terminan, que amenazan con prolongarse hasta el infinito. La tarde asesina, las montañas atestiguando el alcohol que se comparte y las complicidades que se afirman en café y aplausos. El compromiso con el ser y la nada, los istmos que no contienen ni un terruño panameño. Los grupos y los individuos.

Regresa la misma noche, la de los sordos que hablan, las pieles que gritan. Las costumbres que no se rompen. La música que se riega por los árboles y las paredes. La reiterada complicidad de santos de botella. El plato que nos une siempre a la misma hora, en el día del descanso alegre. Los perdidos y los encontrados, los secretos que no se nombran. La oscuridad que le roba horas al domingo. Las últimas palabras.

Y vuelve amanecer distinto, sin rocío, sin tristeza, limpio y dulce el amanecer. Versos que se esculpen en piedra, vuelos, complicidades descubiertas. Los adioses, la nostalgia previa que se empieza a colar. La prisa y el regreso. Y el deseo atemporal de que agosto regrese con sus versos, su montaña y sus voces.