viernes, 28 de agosto de 2009

Ares poético XV: VII Festival de Poesía en la Montaña

Este viernes, el escenario de lucha se traslada a cuadriláteros más frescos y montañosos. El Festival de Poesía en la Montaña Jarabacoa 2009 inicia, y como comprenderán es inútil poner unos versos aquí, cuando habrá miles de palabras e imágenes por allá.

viernes, 21 de agosto de 2009

Nueva piel+Ares poético XIV

A partir de hoy, cambiamos de piel. Nuestra esquina se renueva y aunque otros colores la adornen, aunque otros detalles la alegren, sigue siendo la misma. Hecha para quienes como yo transitan las calles de la literatura, el arte, y por qué no, la vida simplemente. Eso seguiremos haciendo.

Y como todos los viernes, aunque al atardecer (y tarde), nuestro poema.

Alguien

Alguien grita mi nombre con sus manos, deja escapar de su boca mis letras personales. Alguien se imagina unos dedos dibujando la espalda que imagina donde está la espalda que poseo. Alguien se duerme con mis labios inventando una frescura ártica en la orilla de una madrugada. Alguien intenta arrullarme cada mediodía alterando la rutina de las tandas laborales. Alguien comparte conmigo su soledad y juega con la luz que entra por mis ojos. Alguien conspira a favor de una noche hacia el sur, de un camino que sabemos no será de mar ni de flores amarillas. Alguien descubre los fantasmas que asechan mis pies. Alguien persigue mi maldad desandando sus huesos. Alguien quiere escucharse con mi voz en las mañanas, saberse atado en mi cuello.

viernes, 14 de agosto de 2009

Ares poético XIII (Anthony Ocaña)

Interrumpimos esta lucha semanal y poética para decir que la poesía no solo son palabras, también es música: cuerdas, manos, aire. Es juego, improviso, maña, sabiduría, picardía, inocencia, madurez, lujuria, gula.

No importa si son dos instrumentos, si son seis o diez cuerdas, si son dos manos y un solo atril. No importa si los celulares mandados a apagar suenan, si la funda de las galleticas me interrumpe un acorde.

La lluvia siempre ha sido buen tercio para la música y el amor. Y sin tintos ni blancos, solo agua de los manantiales globalizados, asistimos a la poesía de Anthony Ocaña y sus guitarras, sus dedos y su ceguera en disfrute de lo que mejor sabe hacer: música.

viernes, 7 de agosto de 2009

Ares poético XII

De nuevo celebramos a Venus, luchando contra Ares.


Pendular incierto

Al borde del abismo
pendulamos inciertamente
las alas en alto
y la sangre desbocada
colgados del humo y el vino
luchamos contra el equilibrio
y la gravedad de la roca.

lunes, 3 de agosto de 2009

Manuel

Resuena tu nombre, Manuel, que tal vez no es solo tuyo. Voces que te llaman, te susurran la vida, te hacen de comer, te compran los cigarros y te miran con la congoja asechando. Tu nombre, Manuel. El que te designa padre, abuelo, hermano. El que te llena de sobrinos y primos, el que primero te hace hombre. Y te rodean las matas y sus frutos, los arbustos de la campesinidad, la hierba de lo rural, las canas que te cobijan la libertad. Te haces hombre Manuel, machete en mano, tabaco sembrado, habichuelas cosechadas, gallinas y cerdos matados y cocidos, alimentos compartidos con tu vecino, con los vecinos y familiares tuyos, Manuel. Que son los vecinos de todos, la comunidad solariega y chiquita que te vio salir de la entrepierna de tu madre y crecer como Manuel.

Pero ya tu nombre no resuena, Manuel. Se escucha a veces, luego de Juan, entre fechas y sepulcros, con llantos secos de tan viejos, con historias de gente dormida en el recuerdo, con voces que te llamaron y ahora apenas te invocan sin entusiasmo ni orgullo. Ya tus hijos se han ido borrando, los nietos ya son abuelos y ese listado familiar infinito no te sabe, no te busca en su memoria, no te nombra en su ayer.

Tu nombre no conoce mujer. Y yo, que quise llamarme con tu voz, evocar tu ser hombre siendo mujer, hacer un eco que te prolongara en estos amaneceres sin tabaco, estas semana sin cosechas, en este andar sin machetes ni animales, aromas o sabores, no puedo siquiera hacer un murmullo de tu nombre. No tengo turno para sentirme Dios, ni entonar himnos para el viento y tu memoria, no soy Manuela.


A mis dos abuelos, que nunca supieron de mi voz y mis ojos.