miércoles, 22 de mayo de 2013

Mi lugar en el mundo

"Un murmullo azul como un cascabel,
Un viento salado que se mete en las venas"
Jorge Drexler.

El Atlántico me seduce y hay que volver. Pero debería quedarme ante su violencia. Rendirme para siempre ante su poder. Construirme yo también una ventana sobre paredes blancas. Que el gato cuelgue  del borde y haya flores diminutas en la mesa que desgasta el amarillo. La noche, detenida siempre en las 7:36, cuando la copa está medio llena y medio vacía. Cuando el aliento emana aceitunas y la mirada destila perversiones escritas en los dedos y la espalda. Ojos de piscina azul y la sal removiendo vergüenzas. Pasos de bossa nova por todo el cuarto. Y el rugido profundo del salitre siempre allí. Cuando amanezca, haremos café. El amor al fondo de la taza.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Un chofer para dos

Éramos pasajeros
el autobus por un camino difícil
hablando de la nada
tu novia
mis marcas en tu cuello
piedras en el camino
la última vez
la farándula
políticos
el café y el mediodía
bancos de parque y otras muertes pequeñas
te quedaste en tu casa
yo regresé en patines
feliz de no volver
saltando
las piedras en el camino
por delante

viernes, 10 de mayo de 2013

Llover. París. Ta mère.

Llover. Caminarme. Llover. Caminar. Es mejor caminar y que el agua te caiga encima. O pisarla. Es mejor. Peor sería repetir ese sueño, donde la agarras por los brazos y la sacudes fuerte. Que salga de tu casa y de tu vida, que te deje en paz. Estrellarla en un charco de lodo. Respirar profundo, servirte un trago. Levantarlo de la cama y sacarlo también de tu casa, prohibirle la entrada a ambos. Que no se aparezcan ni en las pesadillas con finales felices, como ésta. 

Es jueves y el poeta habla del mar, cerca del Monumento. Era domingo cuando te sentiste adulta porque te encontraron con el cigarro en la mano y apenas moviste la cabeza para saborear algo del café que moría en la taza. No te molesta sentir, te agrada que vean como te place el humo escapando de tus dedos, manchando tus dientes, jodiendo tus pulmones. 

Da igual, alguien te va a joder algún órgano. Al menos con el tabaco eliges tú. Con ellos no hubo manera. Se sentaron contigo, te cargaron a la cuenta sus cervezas y no se tocaron un pelo mientras enterraban el puñal en los ojos. Mirando de lado, porque de frente les daba cosa. El doctor Chapatín se avergonzaría de ellos. Yo hubiese preferido borrarlos del mapa, de las redes sociales, del seguro social, de la oficialía civil, de los libros de literatura, de las preguntas hostiles de la gente cercana. Pero la posteridad y otros cuentos chinos podrán hacerlo sin que yo deba ni pensarlo. Y yo podré seguir caminándome, (El Conde o Del Sol, qué importa). Lloviendo (Ozama, Yaque, guarever). Yo podré seguir (Santiago, París, ta mère). 

Ellos deben quedarse. En su charco, en su vida milimétrica de rutinas, en su esquina de la casa, con su cuenta abierta en el colmado y las cervezas light. Sin café en la mesa 31, sin café de La Cafetera Colonial, sin los sábados de Mullens en la Casa, sin tus pies planos, sin tu saludo militar, sin la San Luis de noche. Todo eso es mío ahora. Y no se me antoja compartirlo.