viernes, 31 de julio de 2009

Ares poético XI

Día de lucha en esta esquina mía. De la colección de poemas Nirvana en los bolsillos, mención de honor en el Concurso de Navidad del Obispado de Higüey 2006.

III

La respiro toda
y me calmo
me voy dejando ir
ingrávido en el paisaje.
Las mariposas
se posan en mí
y solo veo sus colores.

viernes, 24 de julio de 2009

Ares poético X

Viernes de nuevo, lucha bajo la lluvia, con el calor batallando en contra.

Duda

Si es falso
el color de las flores en la mesa
o la luz fluorescente de la lámpara china,
y si no existe la mariposa
que adorna el techo
o las hormigas que bordean
una grieta en la pared,
y si la mañana no es
un pedazo de reloj encendido
¿cómo saber si tus palabras
no son polvo de un camino trasnochado?

lunes, 20 de julio de 2009

Arena blanca

Estaba sentada frente al mar. Arena blanca con vetas coral, azul turquesa salpicando mis piernas, repiqueteando en mi cuerpo. Sol oculto, nubes jugando a cielo, brisa conspirando la caricia.

Estaba sentada frente al mar. Estrellas colgando de las nubes, la luna jugando a las escondidas con su brillo. La brisa conspirando de nuevo con los silencios, las palabras y los cuerpos.

Estaba caminando frente al mar. La misma arena de años atrás, el mismo cielo, la misma tarde muriendo, la misma ausencia, otra voz cortando el silencio.

Estaba sentada frente al mar. La mañana entintando de oro mis contornos. La misma brisa, el mismo sol, la misma arena inverosímil. El mismo paraíso lejano. Bávaro sigue ahí.

viernes, 10 de julio de 2009

Ares poético IX

Parecerá mentira, falsedad mezquina. Pero la poesía dice y anticipa los dolores y el destino. Del libro Angel Terreno, el último poema.

46


He callado tanto tiempo, como si esperara algo o como siempre no esperara nada. El frío me puebla ahora, y ya no sé qué decir o pensar o no pensar. Y no sé si hay ángeles o tierra o alas.

El frío persiste como la noche. Y me siento desfigurada en el espejo, con el rostro marcado por la luz. Mi voz ya no despierta, permanece acunada en mi garganta y también espera otro tiempo nuevo. Ya no sé si espero. El ángel terreno agita sus alas simplemente.

Ahora lo veo: no tiene halo, ni túnica blanca, las alas eran reflejo de la luz. Solo queda el vuelo y la eterna invitación a volar al infinito conmigo.

martes, 7 de julio de 2009

Montañas y silencio

Ustedes imaginen, yo recuerdo: montañas, la noche empuja dulcemente al sol para hacerse completa. Los aires fríos y suaves te acarician los pies que, descalzos, arrastras despreocupada por la cabaña. Las luces de todo el valle, un pueblo entero, te hacen de estrellas terrenas y el silencio apenas se rompe por música aviaria. El frío se puede espantar con ron, vino o simplemente moviendo el cuerpo en siluetas verticales (u horizontales, según sea el caso). La noche te hace pensar en palabras que no se unen en tu boca, que se hilan unas tras otras en papel, dejadas caer por una pluma entintada. La tecnología parece ausente, si te olvidas del televisor, la nevera, la estufa y el agua caliente. Te olvidaste del verano cuando apenas pisaste montaña y sentiste altura.

Amanece, el mismo silencio dulce apenas rasgado por vocecitas aladas, te hace soñar con todas las mañanas así de altas y etéreas, con la calma deliciosa de la niebla veraniega, pero fresca. En tu balcón, el valle asoma verde, todo verde, con relieves limpios y variados, siempre verde. Dudas del mediodía, porque el sol apenas te roza y la frescura aérea persiste. Dudas de la tarde, te preguntas de nuevo si es ya verano. Miras el horizonte cerrado del valle, la carretera solariega que lleva a la civilización que estos días ignoras alegre.

Ustedes imaginarán, yo sé: volveré alguna vez, y muy pronto esta vez, a las montañas y el silencio, a la delicia de ser y estar en alturas. Y esta vez, no olvidaré subir con las fresas, el champagne y el amor. Volveré, Constanza.

viernes, 3 de julio de 2009

Ares poético VIII

Hay golpes silenciosos. Parecerían cegar de una sola vez cada oído, cada poro sediento.
Por los golpes así.

Desahogo a la humedad

Soy siempre humedad. Clara y simple, espesa y completa. El agua que me recorre siempre, que va y viene del mar, que sube y baja en mi cuerpo, que siembra y cosecha en tus manos. Lluvia que solo mana de mi vientre, que solo se une con tu elevación sorprendida. Vino blanco envejecido por segundos tuyos, memoria de tempestades venidas y por venir, creación exacta de un solo deseo, invención de tu sed agotada por mis rincones oscuros y transparentes. Saliva escurriendo por esa sonrisa vertical y dulce que te muestro. Pura agua deshaciendo mi estatura sobre tus huesos. Solo agua soy, si está en mí la imagen erecta de tu nombre, la evocación gozosa de tu muerte mía.