miércoles, 30 de diciembre de 2009

Última vez: Entrada no. 100

Esta es la última vez que escribo para ustedes en este año 2009. Que estuvo lleno de carreteras, paisajes, aventuras, viajes, libros, letras, lágrimas, alcohol, abrazos, besos, noches, madrugadas, amaneceres, playas, ríos, montañas, bienvenidas, despedidas, nacimientos, muertes, lluvias, premios, tropiezos, trabajo, ocio, baile, risas, miradas, manos, pies, sinceridad, mentiras, noticias, verdades, amigos, hermanos, compañeros...

Aunque parezcan repeticiones de alguien más, esas palabras resumen mi año 2009. Incluso podrían resumir esta década que estamos matando a punta de días. Agradezco a todos y todas las que estuvieron ahí para darme todo lo recibido y todo lo negado. Agradezco a los y las que han leído estas cien entradas que he escrito desde hace dos años.

Solo deseo que cada uno haya vivido este año que se va como si fuera el último: intenso, completo, feliz.

Abrazos a todos.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Días azules de otoño

Aquí el otoño es azul, Perales. El trópico no nos permite el lujo gris arrepentido de las tierras continentales. Así que la tristeza que te traen las hojas caídas y amarillas, a mí no me llegan a este imposible paraíso navideño. Esos "días grises del otoño" solo a ti te pondrán triste. Pero aun así se recuerda a los cualquiera importantes de nuestra vida. Aquí solo llega el amargue que es tan primo de la alegría, que se celebra entre cervezas, ron a pico de botella y las bachatas más tristes. Algún merengue se cuela al fondo y no importa si es acongojada su letra, sus acordes ni se inmutan: la alegría sigue desbordándose entre paso y paso, de una cadera a la otra, con la misma frescura de una quinceañera cuando conoce el amor.