martes, 19 de junio de 2012

A son de guerra y otros aguaceros en la isla

Llovió. Y en nuestra buena fe, habíamos apostado al sol y su imperio de calores. Fuimos al son de la guerra y el contrincante fue el agua. Toda una noche el agua caía, las canciones sucediendo, nosotros de pie o sentados, bajo el cielo nuboso sin más arma que el entusiasmo. Sin más defensa que las ganas de oír y tararear. La noche interminable, la lluvia interminable, las pausas entre versos y notas, los invitados. Y fue sucediendo la poesía de Juan Luis Guerra bajo el aguacero perenne de un sábado en Santo Domingo. Fuimos ganando la apuesta contra el cansancio, pocos se rindieron a los límites del cuerpo. El concierto sucedió contra todo pronóstico, desafiando todos los reportes del clima y los tuiteos compulsivos. Persistimos en el Estadio Olímpico hasta que explotaron las luces de fuego y el artista de gran tamaño y altura pidió entonces que la lluvia de agua en la gran urbe le cediera su turno a la honorable lluvia de café en el campo. 

viernes, 15 de junio de 2012

Sara Hermann: Del arte y otros demonios


“Nadie deja de trabajar en la cultura por falta de retos, porque aquí siempre hay retos.”
Para mí fue una entrevista. Para Sara Hermann fue una ocasión de volver al pasado, de pensarlo ahora que ya es la adulta que quiso ser. Estudió Historia del Arte para vivir, trabajar. No fue su caso el de las princesas de sangre azul o aspirantes a la realeza. Para la hija menor del primer matrimonio de Hamlet Hermann, fue una decisión plena y consciente, aderezada tal vez por grandes influencias en su educación. Su madre, el profesor de arte Carlitos Báez, el profesor de historia Chito Henríquez (padre de la artista Quisqueya Henríquez), el vecino sueco que había estudiado la profesión, los libros de arte…
Temperamental, como ella misma se define, Sara regresa a Cuba como estudiante, luego de haber residido con su familia en los 70. “Experiencia que no le cambiaría a nadie por nada”, asegura sobre esos cinco años de conocer el arte y su historia en “diapositivas”, porque las grandes obras del arte Occidental no se encuentran en América Latina; pero con el rigor y la excelencia que el sistema cubano de educación pueden ostentar con orgullo.
Llegó a dirigir el Museo de Arte Moderno, institución en la que ingresó como guía, bajo la dirección de Porfirio Herrera, un nombre que saltará varias veces durante este mediodía, por la gratitud que se desprende de Sara cuando lo menciona. Subiendo la escalera porque “hacerlo de esa manera te da un conocimiento de la fragilidad de las posiciones y la complejidad del trabajo de cada quien”.
La curadora y especialista en artes visuales del Centro León desde 2005, se ha salido con la suya. Ha viajado tanto como ha querido, ha podido percibir el arte en dimensiones y colores reales. Y sigue ejerciendo el oficio trascendente de contar, contextualizar y mirar el arte, con la destreza precisa que la experiencia y la profesionalidad le otorgan.
 “La producción de arte dominicano es muy poderosa y puede medirse con la de cualquier parte del mundo.”