viernes, 16 de octubre de 2009

Recordatorio tardío

Si recordar es vivir, prefiero morir de hacer los recuerdos y no vivir recordando. Morir de sol, agua salada y brisa. Morir de tránsito en la carretera, desangrarme en los puentes y los ríos, cortar mis venas en cada habitación de hotel a la hora del desayuno. Morir de multitud en los parques pueblerinos un sábado por la noche, morir de propuestas indecentes en ciudades olvidadas por Dios. Ahogarme en las miradas de las iguanas y los mosquitos alados del demonio, arder en el fuego de carnavales cimarrones y trajes desechables, romper el fuete en cada hueso que me sostiene. Dispararme por la espalda noches interminables de lejanía y descubrimiento. No quiero vivir en la mecedora del ayer que se idolatra con la ceguera de los que ya no quieren matarse la vida viviendo.

2 comentarios:

Murciélago de Orquídeas dijo...

Hay un verso de Gimferrer que me parece se aplica al caso: "Si pierdo la memoria, qué pureza". Y me parece, además, que los recuerdos son a veces látigos, cárceles, ataduras, espacios en los que hay que andar con mucho cuidado, para no quedarse en ellos eternamente. Yo prefiero caminar, actuar...aunque también recuerdo, que vaina...

Maria dijo...

Prefiero no perder la memoria, a veces los recuerdos nos abrazan y acompañan...
Solo que cada tanto podemos sacarlos del cajon de la memoria, sino corremos el peligro de que invadan el presente.