jueves, 8 de octubre de 2009

Revolución de Octubre

"La place Rouge était blanche. La neige faisait un tapis." Gilbert Becaud lo dijo para contar la historia de su hermosa guía turística Nathalie. "Elle parlait en phrases sobres de la Révolution d'Octobre." Para la historia universal, esa revolución soviética tiene sus orígenes, consecuencias y procesos definidos. Y yo no pienso meterme con esas particularidades. Porque no me interesan y porque no las conozco a profundidad (ni a superficialidad). Pero sí conozco de la revolución que Octubre hace en mí. Desde el inicio del último trimestre del año de las clases de francés en la Alianza Francesa de Santiago. Desde las noches más tempranas en la calle San Luis esquina 16 de Agosto. Los parques son más majestuosos y solemnes en este mes. El paso a la adultez que solo Cortázar describe en su capítulo 7. Despertar a la vida que antes era solo una imagen a blanco y negro al amanecer. Tal vez en los continentes el otoño y Octubre sean tiempos de hojas caídas, de pérdidas, de dolores, de ocasos y adioses. Tal vez porque nunca he visto ese gris celeste de París en los Campos Elíseos o la Plaza Roja hecha blancura por la nieve precoz. Para mí, Octubre fue, es y será siempre el mes de los encuentros, las bienvenidas, las sorpresas, la vida, los viajes, los abrazos, los besos, los sueños, la inocencia, los parques, las calles llovidas, las despedidas militares, el Yaque y su brisa, las luces nocturnas, las noches robadas al destino, el delirio, las manos, la risa, los huecos en la espalda, el delirio, el descubrimiento constante, las iniciaciones, las ceremonias, las miradas encontradas y el amor.

5 comentarios:

Yomy dijo...

Daniela!

Soy tan distinta cuando te leo.
Gracias por esto que se siente tan bonito de solo leerte.
Gracias!
Yomy!

Murciélago de Orquídeas dijo...

A mí octubre se me parece tanto a la lluvia... lo veo tan gris, lo recuerdo con tanta tristeza, que sólo me queda envidiar tu mirada, Daniela. Quien pudiera -me digo- ver ese octubre de encuentros y abrazos que tú tanto aprecias. Se me ocurre una persona: Vladimir Ilyich Lenin, que hace mucho tiempo, en un café de Zürich, leía viejos periódicos en alfabeto cirílico y pensaba, obsesivo, en ese octubre que llegó puntualísimo, presto a la revolución... pero esa es otra historia: La Historia. Gracias por eso que escribes, me encantó.

Anónimo dijo...

No sabría decirte cuál es el mes de mi revolución, creo que de alguna manera siempre tengo una revolución que hacer en cada mes, sin embargo te digo: la guía turística Nathalie es una canción que de alguna forma está cerca de mi corazón (aunque no la cante siempre) mi papá cantando esa canción mientras me hablaba de la revolución Rusa quedaron muy dentro para sacarlos ahora. Lo otro es que me gusta tu revolución, eso significa que este es el mes para 'remeniarte' y dejar caer todo aquello que te estorba. Sigue!

Tanyiya

M dijo...

Así he visto caer la plasma de cada sonrisa puesta o servida de ante mano. Octubre sigue con sus carbunclos coloreando el gris de la tarde. Eso me recuerda una historia de amor que me contaron cuando yo era chico.
Ahora te felicito por esa mirada de argos por las manos.

Alexei Tellerias dijo...

"Moscú, los llanos de Ucrania y Les Champs Elisée... oh, de todo se habló, después cantamos".
(Perdón, es que no me sé la versión en francés)

Mi paladar suele teñirse de argento en los últimos meses del año. En particular, el décimo tiene la característica de ser ese puente tendido en el tiempo cuya función pareciera ser la de unir melancolías ajenas y extrañas. Un pesimista diría incluso que es un mes tan maldito que ni siquiera días feriados tiene. Pero aquí está, inevitable como el transcurrir de los días. A los mortales que moramos en el planeta nos queda únicamente contemplar su discurrir y sentirlo como granos del desierto, escabulléndose de nuestras manos, con la misma melancolía metálica y grisácea con la que se canta Nathalí. "Más sé que un día en París seré yo quien sirva de guía..."