miércoles, 13 de enero de 2010

Marcas indelebles

Los días tienen marcas, indelebles a veces; buenas o malas, siempre. Hace 26 años, el 12 de enero de 1984, para el país fue una jornada de muerte, peligros, dolor, angustia. Para un par de casados de Licey al Medio, fue el día en que se convirtieron en padres de quien escribe esta entrada. Mi nacimiento estuvo marcado por luchas y conflictos nacionales, que se sucedieron durante los primeros meses de ese año ochentoso. Y poco aparece en libros y nada se recuerda en foros de todo tipo.

Dos décadas y dos tercios más tarde, la fecha se vuelve marcar. Esta vez con los movimientos telúricos de la isla que compartimos, "los de al lado" en este globo azul que es el mundo. La felicidad que sentimos unos cuantos por mis añitos de vida trajo de camino la sensación de vacío tras la tragedia doble que significa una catástrofe en Haití. Nuestro país vecino ya sufría del mal de la corrupción y la pobreza ha sido su medalla ad vitam. Ahora, sin quererlo, retrocede más. Ahora, (obligatoriamente) ha de comenzar de cero, tal vez de menos cien mil, mucho más abajo en la escalera de números enteros que conforman los que sobrevivieron y los que no.

Este no es un espacio noticioso, pero cómo sustraerse del horror y el dolor. La poesía siempre trae esperanza. Y es la verde sensación de futuro la que necesita hoy (ayer) el pueblo haitiano. Esperanza y solidaridad, nunca lástima. Y que las marcas de las fechas puedan servir de comienzo, de impulso hacia adelante, única vía para salvarnos.

3 comentarios:

Augusto Bueno dijo...

Asi es, esos tiempos casi nadie los menciona. Hermoso y terrible tu comentario. Por los 26 y la tragedia de nuestra hermana rep de Haiti. Siempre, siempre, siempre la esperanza es el signo que eleva a la humanidad por encima de cualquier catastrofe!!

Jasetchu dijo...

Je, eso explica tu caracter y parte de tu personalidad...si es que naciste en temporadas de revuelos :P definitivamente existen marcas positivas, negativas, nones...celebrar las buenas, llorar las malas, solo queda la esperanza...

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

Me gusta como escribes

Un saludo desde este Medellín, hoy caluroso