martes, 2 de marzo de 2010

Testigo de agua y sal

Pongo al mar como testigo de mis gritos infantiles
los correteos familiares
y la sal aguada que se traga de sorpresa.
Pongo al mar para que firme que de niña creí ciegamente
y que de adulta sigo creyendo,
aunque ya abro los ojos.
Pongo al mar de testigo de mis líneas adolescentes y febriles,
el regreso al mismo mar
y los dolores del amor.
Pongo al mar a que testimonie mis delirios parisinos,
las calles lluviosas, las cervezas, el vino,
las carreteras y habitaciones prestadas,
las ciudades y las montañas encontradas.
Pongo al mar de testigo de papeles y adioses,
de madrugadas borrachas de canciones,
de inventos para volver a dormir caminando.
Pongo al mar a que corrobore mis lágrimas y muertes,
los poemas y las noches insomnes,
el delirio.
Pongo al mar como testigo
y firmo hoy mi propia sentencia de vida.

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