jueves, 6 de mayo de 2010

La Cafetera Colonial

No importa que esté casi al final de El Conde y que no sepas precisar la esquina porque el olor delata su portal. Apresuras el paso, y justificas con un sorbo de café en su barra las dos horas de giros, rebases, paradas y cambio de paisajes. Respiras el aroma y sientes la cafeína internarse en tu cuerpo. Entonces, nada importa más. Ni el libro que entregaste a concurso, ni los fantasmas pasados ni el bolsillo vacío. Estás en una cita con la historia, con café y tradición incluidos.

2 comentarios:

TatyH dijo...

Hola, Daniela. Me gustó mucho eso de "La Cafetera Colonial" y me provoca compartir este poemita contigo.

Está sola la calle.

Está sola la calle.
Busco la multitud
y no siento
los ágiles/débiles pasos
en los adoquines.

Camino y veo.

Allí se arrastra el hombre
con los pies en las manos.
Acá gime el que me pide un peso.

Allá la mujer borracha
sonríe como idiota
entre vapores de sueño.

Más lejana, la catedral
insensible a las voces
que me atormentan.

Está sola la calle...
las palomas
aguardan las nueve
para alzarse en vuelo
y el aroma de otro poema
sale de la Cafetera.

Taty Hernández Durán ©

la pequena arara dijo...

Hermosa sensación la que provocas. El poema dice El Conde por todas partes. Gracias Taty, por compartir. Abrazos.