viernes, 17 de agosto de 2012

La montaña nos convoca

Este texto lo escribí para el blog del Festival de Poesía en la Montaña. Y es propicio colgarlo aquí porque mañana yo acojo personalmente la convocatoria y me marcho con mis versos a la habitación nocturna de Dios, al X Festival de Poesía en la Montaña Jarabacoa 2012.

Los aires veraniegos se hacen sentir más temprano este año y la frescura de la montaña nos convoca. La tierra y sus alturas nos llaman como cada año, el mes de agosto se vuelve versos, palabras, vuelos, literatura fluyendo. Jarabacoa vuelve a ser poesía con su festival, tras una década congregando a los devotos de esta religión que es la literatura.


Esta ocasión, aprovechando el asueto de la Restauración, celebraremos que la iniciativa de Taty Hernández y otros cómplices se mantiene vigente, ha crecido, va madurando. Que cada año somos más y mejores, que repetimos o añoramos repetir las noches de montaña, clima fresco y verde.

El Centro Salesiano de Pinar Quemado, el río Yaque del Norte, han acunado manifiestos, recitales, canciones, sancochos, debates, aplausos, descubrimientos; bohemias que la madrugada no ha podido terminar. Cuántos podemos cerrar los ojos y recordar fugas entre los pasillos y la oscuridad, la complicidad de un poema en los columpios, la hermandad del café y otras bebidas bajo el mango del patio…

El Festival de Poesía en la Montaña ha puesto en comunicación a poetas de nombre y apellido con los indocumentados de la palabra, los del patio y los vecinos, jóvenes y no tan jóvenes, hombres y mujeres, hasta niños y niñas, que comparten sus creaciones en el mismo escenario, que disfrutan a partes iguales de la ciudad serrana donde dicen Dios reposa.

Este año volveremos, más felices, más necesitados de esta pausa anual, para encontrarnos en la amistad de la palabra escrita, recitada y pensada. Para demostrarnos que no es tan difícil construir espacios de diálogo e intercambios a cualquier nivel, que la cultura y sus manifestaciones no se limitan a las grandes urbes y al asfalto. Para celebrar que siempre volvemos a la montaña, que siempre volveremos. La montaña nos convoca, y no faltaremos a la cita.

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