miércoles, 5 de marzo de 2008

Sin destinatario

Para los que pidieron y no les dí antes, aquí va un poema que ostenta su título gracias al lugar desde donde usualmente escribo mis poemas ahora: el menú de mensajes de mi celular y su carpeta borrador.

Tengo dos días sin salir de día, sin tomar un poco de sol. Me da alergia caminar calzada, no soporto el frío de las oficinas. Es tan creíble lo que digo que no me cuestionan más que el sabor de la sal en labios prestados. Y todo el resto de secretos se mantienen bajo lluvia. Me gusta sospechar de un rosa amarilla con vino tinto, porque suelo darme entera a ese precio: nunca dudes del color de la suerte.

4 comentarios:

jCarlos dijo...

MMm no dudare de ese color amarillo...

saludos

Anónimo dijo...

Qué tal, creo que de ese colorcito uno tampoco se debería olvidar nunca. No el amarillo chillón, si no el anaranjado crespé....

Anónimo dijo...

Hola otra vez, si la enfermedad del amor es tan jodida como es, entonces por qué la mujer, el hombre, y quien diablo más, siempre anda con lababita en la boca por chuparle los cojones al mundo...

la pequena arara dijo...

Gracias por comentar querido anonimo. En ningun momento reniego del amor, solo entiendo su complejidad y sus implicaciones. En cuanto al amarillo, no importa su tonalidad, solo que tenga forma de rosa o clavel y que al final del tallo haya una mano firme y decidida que la sostenga.