lunes, 3 de agosto de 2009

Manuel

Resuena tu nombre, Manuel, que tal vez no es solo tuyo. Voces que te llaman, te susurran la vida, te hacen de comer, te compran los cigarros y te miran con la congoja asechando. Tu nombre, Manuel. El que te designa padre, abuelo, hermano. El que te llena de sobrinos y primos, el que primero te hace hombre. Y te rodean las matas y sus frutos, los arbustos de la campesinidad, la hierba de lo rural, las canas que te cobijan la libertad. Te haces hombre Manuel, machete en mano, tabaco sembrado, habichuelas cosechadas, gallinas y cerdos matados y cocidos, alimentos compartidos con tu vecino, con los vecinos y familiares tuyos, Manuel. Que son los vecinos de todos, la comunidad solariega y chiquita que te vio salir de la entrepierna de tu madre y crecer como Manuel.

Pero ya tu nombre no resuena, Manuel. Se escucha a veces, luego de Juan, entre fechas y sepulcros, con llantos secos de tan viejos, con historias de gente dormida en el recuerdo, con voces que te llamaron y ahora apenas te invocan sin entusiasmo ni orgullo. Ya tus hijos se han ido borrando, los nietos ya son abuelos y ese listado familiar infinito no te sabe, no te busca en su memoria, no te nombra en su ayer.

Tu nombre no conoce mujer. Y yo, que quise llamarme con tu voz, evocar tu ser hombre siendo mujer, hacer un eco que te prolongara en estos amaneceres sin tabaco, estas semana sin cosechas, en este andar sin machetes ni animales, aromas o sabores, no puedo siquiera hacer un murmullo de tu nombre. No tengo turno para sentirme Dios, ni entonar himnos para el viento y tu memoria, no soy Manuela.


A mis dos abuelos, que nunca supieron de mi voz y mis ojos.

3 comentarios:

yin dijo...

eres la manuela de las letras amor.
te quiero, besos.

yin dijo...

visita mi blogs please. a ver klk mi manuela querida

la pequena arara dijo...

Gracias Israel. Ya pase por Yin, luego hablamos de eso.