viernes, 22 de mayo de 2009

Ares poético IV

Hay lluvia de por medio, de nuevo. Y como el mar Caribe y profundamente sureño se me negó esta tarde, recordaré la visita al Atlántico, ese novio marino que Puerto Plata recibe siempre, como se hace con un amor cuando es eterno.


Desahogo por los muertos de mi felicidad

Estamos siempre frente al mar, en la noche y el día, lloviéndonos la vida en cada paso cantado a locura. Con la sangre desbordada por el vino del nunca más, con la sed morbosa del siempre. Estamos mirándonos el misterio de la luz de nuestros sexos, la unión clandestina de cada pedazo de cuerpo encendido, la cómplice mirada preñada de inocencia. La impúdica ternura de la lengua, el aleteo libelular de los dedos, la poética intrínseca de los labios. Cada roce antologado en la memoria, todo el calor guardado hasta la siguiente estación de lluvias.

Y murió tanta gente herida por nuestros cuerpos atados en el aire. Tantos y tantas cayeron por nuestro vuelo al infinito. Algún fallecido o fallecida no sabrá nunca del dolor insospechado que lo dejó sin vida, ignorará también y para siempre la fuerza asesina de nuestras miradas encontradas a oscuras, el atentado inevitable que se perpetra entre nuestras piernas.

La perpetuidad de una noche que ha sido día y no existe sin el sol que nos consume solo con sabernos vivos. La furia ligera de la sábanas volando en desatino. La cordura rabiosa de matar y morir.

Asesinados por los besos que solo son nuestros, así van los muertos de mi felicidad, los cadáveres de tu risa mía, los fantasmas que creyendo vivir, mueren con solo un roce de mis dedos en tu boca, con tu sola lengua en mi espalda. Con nuestra sola felicidad eternizada a cincuenta pasos del lazo irrompible de una salada transparencia.

Estamos siempre frente a nosotros mintiéndonos la muerte de los infelices, maldiciendo nuestra suerte marina, conjurando al destino que buscamos a ojos abiertos, rogando ver morir a tanta gente, sin que la piedad nos dure más de un segundo.

Volveremos al mar, para matar otros y otras, para insistir en el fuego que se crea si despertamos a esa locura cantada y bebida, a ese sueño vivo de ser ajenamente propios.

2 comentarios:

José D'Laura dijo...

Porque la verdad m'ija es que "Nunca nos vamos del todo después de habebr estado".
(Mozo, sírvame. No es que quiera tomar, es que, irremediablemente, llueve)

la pequena arara dijo...

Nunca nos vamos, es cierto.
(Le voy a regalar una copa rota junto al Milkyway adeudado)